
Trabajo en un proyecto parroquial conjuntamente con voluntarios y voluntarias. Principalmente, nuestra labor es acoger a las personas que nos llegan pidiendo ayuda,(alimento, trabajo, poder ayudarles en sus pagos de luz, agua etc).
La parte más bonita, y a la vez dolorosa, es la de la escucha. Por las mañanas, cuando empiezo la jornada mi primer pensamiento es pedirle a Jesús que me dé sus mismos sentimientos respecto a la persona que llega mostrando sus necesidades, sus angustias, sentirlas como algo propio, sintonizar con sus preocupaciones y sobre todo le pido que a través de mi persona pase su ternura a ese hermano/a suya que lo está pasando mal.
Como podéis comprender la parte más negativa es la impotencia de no poder solucionar al momento sus demandas, y a su vez una gran alegría el poder ser parte de sus momentos difíciles y de los alegres.
Pasando por mi mente y corazón personas con las que he compartido, me es complicado elegir qué podría aportaros más, y bueno he traído este dibujo. (el dibujo es el de una niña ofreciendo un ramo de flores a una mujer, la niña decía al tiempo de la entrega del ramo: “eres muy buena”).
El lunes pasado vino una mujer con su hija de 8 años. Antes de empezar a escuchar a la madre, le ofrecí a la niña un libro para leer y un muñeco...Ella me pidió una hoja y lápices de colores, se los dí.
Al terminar con su madre y despedirnos me dio este dibujo y me dijo: “esto es para ti”. A parte de subirme la autoestima bastante, me llamó la atención cómo, en tan pocos minutos, esta niña había procesado que su mamá estaba con alguien que a lo mejor le podía ayudar…En la imagen, dejó plasmados sus sentimientos.
Mi trabajo es el trampolín que me hace zambullirme en el inmenso y misterioso océano que somos las personas y poder compartir con ellas el amor, la compasión, la ternura que yo he recibido y recibo constantemente de Jesús.
Inmaculada, dominica
Trabajadora social
Cáritas, Tamaraceite





















